Siloé, arte y bibliofilia

El impactante regalo del Presidente Sánchez en su visita al Papa Francisco


En Siloé nos sentimos realmente orgullosos y honrados por el hecho de que desde la Presidencia del Gobierno hayan elegido uno de nuestros facsímiles como obsequio para el Papa Francisco. Concretamente el Libro de Horas del Obispo Fonseca, una joya ganto-brujense del Seminario San Carlos, de Zaragoza.

Es un espléndido manuscrito ricamente iluminado procedente de la gran biblioteca del marqués de Roda (Zaragoza 1708 – La Granja 1782), posteriormente donada al Seminario San Carlos.

Entra dentro de ese extraordinariamente amplio conjunto de los llamados “Libros de Horas” que tendrían un enorme e imprevisto éxito y constituirían un auténtico fenómeno social, artístico y religioso en los siglos XIV y XV.

Perteneció al obispo Juan Rodríguez de Fonseca, uno de los personajes más importantes e influyentes en la España de su tiempo, tanto en temas de Iglesia como de Estado.

Fonseca fue canónigo y deán de la Catedral de Sevilla y obispo de Córdoba, Badajoz, Palencia, Rossano (en el reino de Nápoles) y Burgos. Como embajador de los Reyes Católicos viajó por toda Europa y sobre todo a los Países Bajos, en donde compraría tapices, retablos y este hermoso Libro de Horas que nos ocupa, al que añadiría su heráldica.

Más tarde el libro pasaría a manos del cardenal Odescalchi, futuro papa Inocencio XI, que añadiría igualmente su heráldica en la hermosa página inicial.

Este excelente manuscrito se adscribe a la célebre escuela de Gante – Brujas.

El tradicional calendario de estos libros sobresale aquí por su variedad y su excepcional categoría, abundando en deliciosas escenas de género que más tarde harán famosa a la pintura flamenca.

Una escena de notable ejecución, pero de auténtica rareza para un Libro de Horas, es la de la casa de los baños, que podría ser también un prostíbulo, y que nos ofrece el lado más lúdico, algo atrevido y humorístico del manuscrito.

El realismo y perfección de varias de sus escenas lo convierten en una obra maestra de esta escuela del final de la Edad Media.

Es tal la belleza, que no faltan quienes han querido ver en este libro la mano directa de nada menos que Gerard David, Simon Bening, Horenbout o Memling, que han dejado una huella indeleble en la historia de la miniatura. Pero de momento se atribuye al anónimo Maestro del Oracional de 1500.