Siloé, arte y bibliofilia

Historia Naturalis de Johannes Jonstonus

Historia Naturalis de Arboribus et Fructicibus
Historia Naturalis de Exanguibus Acuaticis et Serpentibus
Historia Naturalis de Insectis
Historia Naturalis de Piscibus et Cetis
Historia Naturalis de Avibus
Historia Naturalis de Quadrupedibus

En el sugerente campo del coleccionismo y de los facsímiles, Siloé, arte y bibliofilia ofrece uno de los conjuntos más ricos del ámbito de la Historia Natural y temáticas afines.

La Historia Naturalis de Johannes Jonstonus es considerada como la última gran enciclopedia del Renacimiento en torno a esta fascinante materia.

Representa, en verdad, uno de los más destacados esfuerzos de la historia humana por adentrarse en ese maravilloso y tantas veces misterioso mundo de la Naturaleza, y por recopilar todos los vastos y dispersos conocimientos que desde siglos atrás se habían divulgado en esta disciplina.

La edición facsimilar llevada a cabo por Siloé de los siete espléndidos volúmenes de esta Historia Naturalis constituye uno de los más ambiciosos proyectos editoriales que se hayan podido emprender en el campo del facsímil.

Igualmente conviene tener presente que el original de esta obra es destacado por los historiadores como uno de los mayores esfuerzos de la historia humana por adentrarse en el maravilloso y misterioso mundo natural.

Su autor, Johannes Jonstonus, al que se le describe como hombre de una rica y versátil personalidad, pues a su condición de médico sumaba la de filósofo, historiador, lingüista, etc., llevó a cabo una de las mayores compilaciones de conocimientos de la historia en esta temática.

De la enorme importancia de esta hermosa colección da fe el hecho de que a lo largo de casi 200 años, varios de sus diferentes tratados –y de forma especial el de Avibus– fueran de obligada consulta en gran parte de las más prestigiosas universidades centroeuropeas del momento, sobre todo en las alemanas. Y eso por no hablar de Japón, país en el que igualmente no solo “triunfa” y se difunde la Historia Naturalis de Jonstonus sino que además se convierte en la única fuente para el conocimiento del desarrollo de esta ciencia, la historia natural en occidente.

Este ambicioso tratado de la naturaleza tiene un valor añadido, el de su carga de belleza artística excepcional. En efecto, su amplio conjunto iconográfico representa uno de los más hermosos e innovadores esfuerzos por dotar a una obra de este género de toda la fuerza didáctica del grabado que, aquí, alcanza una de sus expresiones más vibrantes.

Sus 7 espléndidos volúmenes facsimilares más 6 de estudios complementarios constituyen uno de los mayores espectáculos del mundo natural. Hay que resaltar el enorme valor añadido que aportan esos volúmenes complementarios, pues además de los sugerentes análisis de grandes expertos que recogen, incorporan la primera versión española del texto de esta obra de la que hace mucho tiempo existían ya múltiples versiones en varios idiomas.

Tirada limitada a 898 ejemplares numerados, con su correspondiente acta notarial. Preciosa encuadernación artesanal en piel y estuche de conservación.

Cada tratado, a medida que se iba publicando, ha ido recibiendo el correspondiente Premio Nacional del Ministerio de Cultura al libro mejor editado en facsímil en España.

Jonstonus dedicó 15 absorbentes años de su vida a este macroproyecto en el que recopila todos los saberes humanos desde Aristóteles a Plinio el Viejo, pasando por Alberto Magno e incluso Marco Polo, si bien sus dos grandes referentes, ya casi coetáneos suyos, van a ser Aldrovandi y Gesner.

Aunque su obra no sea la de un investigador-innovador puro, Jonstonus fue un sagaz analista y sintetizador de esos conocimientos pasados y, convencido como estaba de que la divulgación de los saberes naturales era un arma poderosa para la educación de la juventud, pensaba que su difusión contribuiría de forma vigorosa al advenimiento de una sociedad más equilibrada y armoniosa.

Como hemos apuntado más arriba, el otro gran atractivo que siempre se ha destacado de la obra jonstoniana es su extraordinaria riqueza artística, pues de la mano del gran Matthäus Merian el Joven, se ha reunido aquí uno de los conjuntos iconográficos más completos y más valiosos del mundo animal. Es cierto que, como también se ha dicho, Matthäus Merian se inspira, cómo no, en tratados anteriores, y que la extraordinaria saga de varias generaciones de artistas de los Merian le catapultó hacia la cima del grabado. Y no es de extrañar que fuera así, pues es sabido que ese entorno artístico familiar fue tan potente que hasta los grabados del mismísimo Rembrandt se verían claramente influenciados por él.

No deberíamos olvidar tampoco el enorme valor que, para la proyección artística futura del joven Matthäus, tuvo su estancia en 1639 en el taller londinense del gran Van Dyck, así como su recorrido por los más afamados talleres de grabado de la época en París o en Italia. Todo lo cual no solo no empaña sino que refuerza más si cabe la destreza totalmente fuera de lo común que se le reconoce al joven Matthäus, capaz de dotar a estas imágenes de la categoría de auténticas obras de arte.

Todo ese imponente aparato gráfico será muy útil para los ideales humanistas de Jonstonus que, con ese apoyo, intentará asentar su particular utopía educativa universal. La capacidad evocadora del grabado va a ser para él una poderosa arma de alfabetización y de difusión de todos estos conocimientos naturales, sin cuyo concurso difícilmente habría logrado tener la gran repercusión que su obra cosechó ni haber conocido las múltiples ediciones y traducciones a las lenguas más usadas de la época.

Es indudable que desde la perspectiva actual la obra de Jonstonus, en muchos aspectos, nos podría parecer un tanto obsoleta, pero esa no es la perspectiva adecuada para valorar una obra de hace casi cuatro siglos, pues en su día supuso un gigantesco esfuerzo de síntesis y de trasmisión de los saberes acumulados hasta entonces por la humanidad. No podemos pasar por alto los desvelos etimológicos, narrativos y taxonómicos de su autor, ni su permanente preocupación por una minuciosa y escrupulosa descripción de las propiedades médicas de las diferentes sustancias animales y de sus posibilidades para la farmacopea de la época.

No deja de sorprendernos la habilidad que muchas veces manifestaban las gentes de aquellas épocas para suplir la ausencia de conocimientos médicos y farmacéuticos más avanzados por un conocimiento más experimental e intuitivo de la naturaleza. A este respecto, vale la pena traer aquí la anécdota que nos cuenta que cualquier habitante del norte de Europa al que le sorprendiera un intenso dolor en medio del bosque, no dudaría en buscar remedio cortando la corteza de un sauce y bebiendo su líquido, sin que ni siquiera pudiera imaginar que unos siglos más tarde, de esa misma corteza los laboratorios extraerían el ácido acetil salicílico para nuestras actuales aspirinas.

Jonstonus tuvo el enorme mérito de muchos de los más grandes autores de la Antigüedad y de la Edad Media, a saber: contribuir poderosamente a mantener vivo el interés por las Ciencias Naturales y trasmitirnos elocuentemente los conocimientos acumulados hasta entonces. Esa es igualmente nuestra intención aquí, al editar esta ingente obra, hacer que la llama de ese interés por la naturaleza perdure y que la edificante labor de naturalistas de la talla de Johannes Jonstonus no abandone nuestra memoria. Como escribíamos al publicar el primero de los volúmenes de la colección, de Avibus, él era un hombre bueno, en el sentido más literal y positivo del término, que anhelaba un mundo más culto y más sabio, y que estaba convencido de que un mayor y mejor conocimiento del orden imperante en el reino animal debería promover eficazmente el advenimiento de una nueva era de armonía humana.

Hoy, cuando todos los facsímiles de la colección ya están editados y, como apuntábamos más arriba, podemos enorgullecernos de que todos ellos, a medida que se han ido editando, han ido recibiendo el Premio Nacional del Ministerio de Cultura al libro mejor editado en la modalidad de facsímiles, es el momento de reiterar lo que manifestábamos al afrontar este gran reto: nos gustaría recoger el testigo de Jonstonus y hacer votos por el advenimiento de un mundo más justo, más fraternal y más feliz. Estamos convencidos de que la difusión de toda la belleza contenida en esta obra, promoverá y acelerará este proceso.